Resumen personal Semana 09 al 15 de noviembre del 2014

“Alteridad: Un recorrido filosófico”

Segunda parte…

“El Origen del problema y el sentido de la alteridad Según José Ferrater Mora: El «problema del otro» como «problema del prójimo», de «la existencia del prójimo», de la realidad de los demás, del «encuentro con el Otro», etc., es un problema muy antiguo en tanto que desde muy pronto preocupó a los filósofos, para limitarnos a ellos: la cuestión de cómo se reconoce al otro o al prójimo como Otro; qué tipo de relación se establece o se debe establecer, con él, en qué medida es el Otro, en rigor, los otros, etc.

Semejante preocupación se reveló de muy diversas maneras: como la cuestión de la naturaleza de la amistad, en la cual el amigo es «el otro sí mismo» y no simplemente cualquier otro; como la cuestión de si es posible admitir que cada uno sea libre en cuanto se basta a sí mismo, o posee autarquía sin por ello eliminar a los otros, etc.

Se pueden dar algunas características generales: Con José Luis López Aranguren, cabe distinguir entre alteridad (término que designa mi relación con el otro) y aliedad (término que expresa la relación entre otros o muchos otros).

La alteridad abarca la comunicación de las existencias, el encuentro, la dimensión social del hombre, la amistad, los deberes para con los demás, la ética del prójimo y la del lejano o extraño, las posibilidades o condiciones de la comprensión y el diálogo.

La comunicación de las existencias se presenta como básica y condición de posibilidad de las otras. La comunicación es, siempre, un hecho inacabado. Se puede pensar en una ética comunicativa que contempla una “situación ideal del habla.

El otro en el seno de la razón solitaria…

 Los antiguos consideraban tan natural la socialidad como la individualidad

del yo. El cosmos o el ordo essendi suponían no sólo una comunidad social sino una cósmica. El hombre sería social por la misma razón que la materia es cósmica: pertenece a una jerarquía, y la urdimbre de relaciones prexiste a todo acontecimiento. El resultado es la idea de una hermandad del hombre con la naturaleza y, por consiguiente, un sentido de pertenencia a ella y la subordinación a los fines que esta persigue.

Esta comunidad se fracturó mucho antes de Descartes: en el renacimiento. Se podría hacer una lectura de este periodo de la historia de Europa no como conquista y liberación sino como pérdida y fractura.”

 Por eso, Descartes tuvo que recurrir al sujeto (las ciencias de lo objetivo habían resultado ser confusas y subjetivas). Sólo una filosofía del sujeto podía superar el subjetivismo de las ciencias de lo objetivo, de ahí que todo su esfuerzo se centrara en adquirir certezas. Sin embargo, estas son adquiridas en el seno de la razón solitaria: Descartes no reconoció una comunidad racional o lingüística. Sólo existe el individuo y, contrapuestas o sobrepuestas a él, las ideas. Con Descartes, se dio el giro del concepto formal (aquel que representa con inmediatez las cosas reales) al objetivo, inventado al final de la edad media: cuando la atención no se centra en el objeto representado por el concepto sino en el contenido del concepto (al margen de lo representado). El método de Descartes consiste en analizar los contenidos de conciencia por sí mismos, al margen de su función denotativa o connotativa. Y así establece: “Tengo en mi mente la idea de una sustancia absoluta… ¿De dónde surge?”

 El otro como objeto de un yo sentimental…

 Descartes pensaba que los sentimientos enturbiaban las ideas, las hacían perder claridad y distinción. Hume pensaba que los sentimientos eran como las ideas, esencialmente confusos, y la razón sería la facultad por la que el hombre vive en zozobra, porque intenta, sin éxito, enderezar la confusión; puede sistematizar, hasta donde le es posible, lo que conoce con oscuridad. Esta visión cambió con Rousseau: el sentimiento se convirtió en portador de un saber sobre sí mismo, restaurador de la pureza original del hombre salvaje un sabio natural.

El sentimiento, como saber del corazón, nos hermana con la naturaleza y con los demás hombres.2 Para Rousseau, podía alcanzar el carácter de una revelación, por eso él se consideraba el profeta de la claridad en medio de la confusión secular, y su propia obra le parecía un quinto evangelio: la tesis no puede ser descalificada con el pretexto de su exaltación. Por esta razón, los románticos alemanes se harían eco de sus palabras: de modo eminente, Novalis y los hermanos Karl Wilhelm Friedrich y August Wilhelm Schlegel, pero también Friedrich Schiller con su héroe, Karl Moore, un bandido de buen corazón.

 ¿Qué es lo que revela el sentimiento, según Rousseau?

 Una sabiduría que no puede ser adquirida por la ilustración.

La mera capacidad reflexiva es demasiado calculadora y está viciada por la tradición y los usos consuetudinarios.

Un saber sobre sí mismo que es, al mismo tiempo, un saber sobre la humanidad.

 El otro como término de la actividad moral del yo…

 La filosofía del sentimiento encontró en su mejor discípulo su principal opositor: Kant. Todo lo que él sentía de reverencia hacia Rousseau (y que quedó plasmado en la Crítica del juicio), se tradujo en una reivindicación de la razón (pura) frente a la oscuridad del sentimiento, que restringió a la esfera de la belleza.

Para Kant, la fuente de la moral estaba en los juicios subjetivos prácticos (máximas) universalizables (principios o imperativos). Fue muy cercano a Descartes en el modo de fundar la moral, pero su novedad estribó en contar con un criterio de justificación: el juicio, el acuerdo del otro (Übereinstimmung), es esencial para alcanzar la universalidad. En Descartes bastaba el acuerdo del entendimiento consigo mismo.

Por esta razón se puede decir que en Kant, aunque ya estaba germinalmente en Hume con un tinte subjetivista, surgió la moral por consenso, que mucho tiempo después desarrollaría la Escuela de Fráncfort, sólo que suprimiendo toda función universalizante y trascendental.

 Autores representativos…

 Heráclito de Éfeso

El otro es, por lo general, un hombre con una razón propia (no alcanza la razón universal  la verdad y el interés común porque no ve más allá de su propio interés). Es un sonámbulo (sólo parece que está despierto), sólo da el aire de sensato y parece que comprende, pero en realidad ni ve ni oye. Está enemistado con aquello con lo que tiene más trato (la verdad). Lo más cercano (el yo) es para él lo más lejano (carece de conocimiento de sí mismo).

La mayor parte de los hombres ven y oyen, pero no comprenden, incluso una vez instruidos.

 Platón

Hay en Platón dos tesis (en apariencia contradictorias) que marcan su ética y su antropología. La primera dice que la ignorancia consiste en engañarse a sí mismo sobre las cosas más importantes. La segunda sostiene que nadie desea, en el fondo de sí, engañarse sobre lo más propio y lo más verdadero que hay en sí. Y es verdad: tras un engaño arraigado y profundo yace un todavía más profundo conocimiento del engaño.

 Aristóteles

La amistad aristotélica es un bien superior al individuo e inferior, tan sólo, a la suma felicidad de la contemplación pura. La amistad es superior a la justicia  pues “cuando los hombres son amigos, ninguna necesidad hay de justicia, pero, aun siendo justos, sí necesitan de la amistad.

La amistad surge en el orden individual mediante una pasión (un estímulo sensitivo circunscrito al yo), pero se hace genérica (se convierte en hábito o disposición) a través del apetito racional, activo y electivo, abierto a todas las relaciones posibles. Para que esto sea posible, la razón debe descubrir los beneficios de dicha generalización.

 La amistad como hábito puede subsistir de manera independiente al ejercicio de un hecho amistoso contingente, aunque no con independencia de todos los hechos amistosos. Por ejemplo, subsiste tras una larga ausencia (nunca por negligencia).

La amistad procura el bien del otro y en esto difiere de la benevolencia, que también lo desea, pero no por fuerza se mueve para conseguirlo. El benevolente desea el bien del otro, pero no lo procura.

 Epicteto

La fuente de todo bien y de todo mal está en uno mismo: el único bien está en la facultad de elegir lo debido, y el único mal en la de elegir lo no debido. Nadie puede hacer un mal a otro: sólo arrastrarlo a hacer un mal. Sólo puede el otro hacernos un mal cuando poseemos un bien que él, lo mismo que uno, puede codiciar.

 Marco Tulio Cicerón

La amistad tiene, pues, un doble carácter: es una relación personal íntima y permite conducirse libremente, expresarse y bromear con confianza. La amistad es, además, un hecho natural, puesto que el hombre por naturaleza es consciente de su instinto a asociarse. Sin embargo, para que el lazo cristalice se requiere de un largo camino de selección y concentración.

 San Agustín

Esta primera forma de amistad es un “amor correspondido” al que le basta la frecuentación y la benevolencia, en ocasiones tan sólo epidérmica (ex corpore), confiada nada más a los rasgos visibles. 7. El problema de un amor físico es que, con él, el hombre elige un amor inferior a sí mismo; la caridad es un respeto del orden natural que elige de manera proporcionada: hay que buscar lo superior en el otro y en sí mismo. Además, el amor físico no puede escapar a la angustia de la pérdida, no sabe que “la caducidad es un límite justo”.

 René Descartes

La verdadera generosidad, que hace que un hombre alcance el más alto grado de autoestima, consiste sencillamente en parte en que conoce que no hay nada que verdaderamente le pertenezca, más que esta libre disposición de su voluntad (ni por qué debe ser alabado o censurado sino porque hace buen o mal uso de ella) y en parte porque siente en sí mismo una firme y constante resolución de hacer buen uso de ella, es decir, de no carecer nunca de voluntad para emprender y ejecutar todas las cosas que juzgara ser las mejores.

Los que tienen este conocimiento y sentimiento de sí mismos se persuaden fácilmente de que cada uno de los otros hombres, los pueden tener también por sí, porque no hay nada, a este respecto, que dependa de los demás. Es por eso que nunca desprecian a nadie (il ne méprisent jamais personne); y aunque quieran, a menudo, que los otros cometan faltas que hacen manifiesta su debilidad, se inclinan más a menudo a excusarlos que a inculparlos, y a creer que es más bien por carencia de conocimiento que de buena voluntad que las cometen; y como ellos no piensan ser por mucho inferiores a los que tienen más fortuna u honores, o que incluso tienen más espíritu, más saber, más belleza, o que generalmente les sobrepasan en otras perfecciones, tampoco se estiman nunca muy por encima de los que sobrepasan.

 Immanuel Kant

Kant fundó a través de la Crítica: El régimen de derecho. Hace a los individuos acreedores a deberes (Pflichten), derechos y sus correspondientes premios o castigos.

El mutuo reconocimiento no depende de su ciudadanía, su economía o el estado, se basa en máximas de conducta, que pueden ser aceptadas libremente por cualquiera y que, por tanto, se pueden elevar a la categoría de “leyes universales de conducta”.

El contrato social no es el principio de la fundamentación del estado sino el de su administración. El principio yace en lo que es en verdad común al derecho de gentes.

 Georg Wilhelm Friedrich Hegel

Todo individuo empieza por vivir en una particularidad inmediata, pero a través de la libertad es elevado hacia lo universal: la familia, la sociedad civil, el estado, la religión y el espíritu.

 Friedrich Nietzsche

La misión del hombre consiste en moldear la voluntad de tal manera, que se vuelva resistente a todo aquello que produce disgregación interior. Esta disgregación puede adoptar muchas formas: la amargura, el resentimiento, el nihilismo, la resignación, la negación de la voluntad de vivir. Y la única forma

de contrarrestar el caos de la vida, piensa, yace en la construcción de un orden interno. El hombre no necesita comprender el mundo sino organizar su caos propio. Sólo así descubre que por encima de las sensaciones de dolor que le invaden a cada instante, es posible alcanzar el intenso placer de la victoria sobre sí mismo. En esta victoria, la vida se revela tal como es: pertenece a cierto tipo de belleza, la que es capaz de existir a través de la lucha y la contradicción.

 Wilhelm Dilthey

Las fuerzas más poderosas del mundo moral son el hambre, el amor y la guerra; en ellas operan los impulsos más fuertes: el de nutrición, el de generación y cuidado de la prole y el impulso de protección. La naturaleza ha empleado los medios más fuertes para la conservación del individuo y la especie.

Karl Marx

Relacionándose con el mundo objetivo a través de sus facultades, el mundo exterior se vuelve real para el hombre y, en realidad, es sólo el amor lo que hace al hombre creer verdaderamente en la realidad del mundo objetivo exterior: “El ojo se ha convertido en ojo humano cuando su objeto se ha convertido en objeto social, humano, creado por el hombre y destinado al hombre […] La necesidad y el placer han perdido su carácter egoísta y la naturaleza ha perdido su mera utilidad por el hecho de que su utilización se ha convertido en utilización humana.

 José Ortega y Gasset

La filosofía de la alteridad de Ortega tiene como base su teoría del conocimiento. Y en esto hizo una innovación semejante a la operada por Dilthey, quien además fue su contemporáneo. El eje del yo (y de sus relaciones con el mundo) es la sensibilidad.

 Martin Heidegger

El “ser ahí” es esencialmente “ser–con”. Esta afirmación, según Heidegger, tiene un sentido ontológico existenciario. El “ser–con” determina existenciariamente al “ser ahí”, aun cuando no es percibido. Faltar sólo puede el otro en y para un “ser con”. Y el “ser solo” es un modo deficiente del “ser con”. A la inversa, un millón de “ser ahí” juntos no pierden su condición (ontológica) de ser “solos”. El ser “entre ellos” que caracteriza al anonimato, es el mismo “ser ahí con” que hace frente en el modo de la indiferencia y la extrañeza. Por eso la extrañeza siempre acentúa la soledad propia y no ocurre al observar a los animales sino a los hombres.

 Max Scheler

Scheler, lo mismo que Sartre, se opuso a la idea de que “el otro es mi representación”, es decir, al razonamiento por “analogía” como medio para conocer al otro. Según este punto de vista, primero percibo al otro como un cuerpo con una conducta y sólo por comparación con el mío deduzco que es una persona. Pero esto es un error: “La realidad del mundo interhumano y la comunidad es dada, en cuanto esfera del tú y el nosotros, antes que la naturaleza entera sea orgánica o inorgánica.”

 Jean–Paul Sartre

Sartre defiende una “idealidad de los valores”, fundada en mi sola voluntad de hacerlos existir el “sentido” o esencia que había descubierto la fenomenología, se convierte en un “salto en el vacío” (una decisión) que el individuo (el Einselne de Søren Kierkegaard es muy semejante)9 toma solo frente a su libertad.

Paradójicamente, y por el hecho mismo de estar sometido de manera radical a la contingencia, el individuo tiende a hacer la totalidad que le vería escapar de la facticidad y fundar su ser.

Sartre se plantea si puedo tener, objetivamente, algún deber hacia el otro. Y observa que el otro parece estar sometido a las mismas categorías que los demás objetos, en particular el de la instrumentalidad. ¿Por qué no habría de ser un medio para alcanzar mis fines? No obstante, Sartre cree en los valores de la humanitas que ya defendían Heidegger y, mucho antes que él, los románticos de Italia (Giacomo Leopardi), de Francia o de Inglaterra (Lord Byron o William Blake): “Afirmación de sí mismo”, resistencia valerosa, perseverancia.

 Martin Buber

Para el hombre el mundo tiene dos aspectos, en conformidad con su propia doble actitud ante él. La actitud del hombre es doble en conformidad con la dualidad de las palabras fundamentales que pronuncia. Las palabras fundamentales del lenguaje no son vocablos aislados, sino pares de vocablos. Una de estas palabras primordiales es el par de vocablos Yo . La otra palabra primordial es el par Yo Ello […] el Yo de la palabra primordial Yoes distinto del Yo de la palabra primordial Yo Ello.

 Gabriel Marcel

El hombre y su pensamiento apuntan a una realidad que se encuentra más allá del mundo de la ciencia y la razón, una realidad metafísica. Por eso, como sostiene ya en La filosofía concreta: “El hombre tiene disponibilidad para algo que le trasciende y se encuentra fuera de sí mismo”.  Eso que nos trasciende y no puede ser conocido es el misterio. El misterio nos rodea en las circunstancias más triviales y lo define como “una posibilidad de indefinida aproximación a partir del drama de nuestra existencia personal”. El misterio de lo trascendente implica el compromiso.

 Emmanuel Lévinas

El concepto es, según Lévinas, un aliado del deseo: las cosas y, sobre todo, el mundo humano, son un reflejo del egoísmo del poder, porque la conciencia en cuanto capacidad de representación no se cuestiona a sí misma. El hombre es naturalmente egoísta y su egoísmo está trasvasado al lenguaje de múltiples formas. La más significativa de ellas es la que reduce la naturaleza a algo susceptible de dominio. Para el deseo sólo existe la asimilación. En el caso del hombre, tal asimilación o apropiación constituye un afianzamiento del deseo natural. Frente a este imperio despótico, se yergue el “rostro” del otro: lo que hay de inasimilable en el otro, porque suplica justicia y, por tanto, la exige. Para Lévinas toda súplica es una exigencia de restitución. Ni siquiera el homicidio puede acallar la voz del rostro, pues esta resuena en el interior del lenguaje, rompiendo sus límites, mostrando que todo lo dicho, todo lo pensado, es una simple representación, sin validez frente a la subjetividad (esa parte del yo que es capaz de aprender del otro, de someterse a su enseñanza).

 Xavier Zubiri

Mientras el hombre utiliza, modifica o adapta las cosas, lo que hace con los otros es convivir. Los demás hombres me afectan en una dimensión más radical que las cosas físicas.

Mi vida forma parte de la vida de los demás: “De suerte que en mí mismo están ya los demás”.[1]

[1] Ruiz de la Presa Javier, “Alteridad: Un recorrido filosófico”,  fecha de consulta: 01 de noviembre de 2014, disponible: http://rei.iteso.mx/bitstream/handle/11117/136/Alteridad.pdf?sequence=2

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