Resumen personal Semana del 16 al 22 de noviembre de 2014

 

“Una virtud es la responsabilidad”

Libertad, autonomía, responsabilidad

“Sólo el ser libre es responsable. Sólo quien decide autónomamente prefiriendo una entre dos o más posibilidades está en condiciones de responder de lo que hace. La responsabilidad, la autonomía y la libertad son lo mismo.

 Pero lo que en teoría se dice fácil, en la práctica es mucho más confuso. Decimos que somos libres, autónomos, responsables, pero ¿entendemos realmente qué significa cada uno de estos atributos del sujeto ético?

 La responsabilidad tiene que ver con la libertad o autonomía del individuo, así como con su capacidad de comprometerse consigo mismo, y sobre todo, con otros, hasta el punto de responder de sus acciones. Esa relación de compromiso, de expectativas o exigencias hace que la responsabilidad sea una actitud esencialmente dialógica. Finalmente, sólo son autónomos aquellos seres que son capaces de valerse por sí mismos a ciertos efectos, que pueden tomar decisiones, que ostentan un cierto poder y, en consecuencia, algún tipo de autoridad. Así pues, ningún ser humano mayor de edad puede esquivar la misión de tener que responder de algo frente a alguien, porque, ineludiblemente ha de encontrarse en situaciones de poder, de tomar decisiones, que le exigen satisfacer unas demandas.

 Esto es así porque uno vive entre otros semejantes y es interpelado por ellos de continuo y a cualquier propósito. La autonomía nunca es absoluta, no excluye conexiones o ligazones: nadie es totalmente autosuficiente ni actúa sólo para sí mismo.”[1]

 “¿De qué modo la virtud de la responsabilidad contribuye en la formación de ciudadanos? La tesis que defiendo es que la virtud de la responsabilidad es un elemento esencial en la constitución moral de los ciudadanos por dos razones: primero, para que estos sean autónomos; y segundo, para que sea posible la convivencia social. Esta idea se resume en que la pretensión de formar ciudadanos debe estar centrada en “educar para la libertad” de tal modo que seamos autónomos de manera responsable.

 Victoria Camps propone una ética cívica, la denominada ética de las virtudes públicas, afirmando que “es la respuesta más justa a nuestra situación y a nuestras carencias”. Consiste en la vivencia y educación de ciertas virtudes públicas que gestan un ambiente adecuado de convivencia social y política, cuya función se centra en crear un clima de colaboración y cooperación para la vida en sociedad; a su vez, en el marco de una democracia, se centra en la promoción, búsqueda y satisfacción de los intereses comunes a todas las personas que participan de la vida en comunidad.

 Las virtudes públicas se refieren a una parte de la moralidad pública que debe tener y practicar toda sociedad como complemento al sistema de normas de derecho. Asimismo, constituyen un conjunto de obligaciones mínimas que nos indican formas comunes de comportamiento que hacen más fácil la vida en sociedad.

 La responsabilidad es una virtud pública que se encuentra íntimamente relacionada con la idea de autonomía. Por ello, sólo aquel sujeto político que toma decisiones de manera autónoma sobre una variedad de opciones puede hacerse responsable de sus acciones, de las consecuencias de las mismas y de las intenciones que tuvo al momento de actuar. Por tal motivo, a los ciudadanos se les puede exigir que justifiquen las acciones y decisiones de las que son responsables. Cuando vivimos en sociedad acordamos de manera implícita y explícita cómo esperamos que los demás se comporten a nivel social.

Así, ser responsable significa responder a una exigencia hecha por parte de otros con los cuales previamente se ha establecido un compromiso.

 El ciudadano es responsable en la medida en que está en capacidad de y dispuesto a responder por eso “comúnmente valorado” ante los demás ciudadanos, y las virtudes cívicas son aquellos elementos que sirven a la construcción del denominado interés común, siendo este último lo que lleva al ciudadano a no verse inclinado a satisfacer intereses netamente individuales.

 La responsabilidad moral es más difícil de precisar porque el mal moral es más difuso en su definición, mientras que la responsabilidad legal es más fácil de determinar porque el daño legal es más específico. Dicho de otro modo, es más fácil responsabilizar legal que moralmente a alguien, porque por medio de las leyes se determina el daño legal; por su parte, no hay una instancia que determine definitivamente un perjuicio moral.

 El ser humano es responsable (o debe hacerse responsable) de sus acciones y decisiones más allá de la misma exigencia legal. En este sentido, todos los ciudadanos son responsables de actuar para que la sociedad se constituya justamente, aún si no existe un código específico que dé cuenta de las obligaciones morales, tal como sí existe el derecho positivo que determina las responsabilidades legales de un ciudadano. De lo anterior podemos inferir que ser responsables también supone comprender los distintos matices que se pueden encontrar alrededor del cumplimiento a una norma.

 Para lograr que las responsabilidades morales y civiles entren en diálogo se debe corregir la idea según la cual sin culpa, remordimiento no hay por qué reparar un daño hecho. Al respecto, Camps afirma: “Hoy sabemos que el daño no tiene siempre un culpable claro y que la ausencia de correlación directa y obvia entre daño y culpa no debe eximir del deber moral o incluso legal de reparar el daño”. En este sentido, se debe promover la denominada responsabilidad sin culpa, la cual busca que ningún daño (sea legal o moral) quede sin reparación o enmienda; y, en términos generales, que se asuman responsabilidades aun cuando no hay culpa directa o específica por el daño causado. Camps propone que los ciudadanos deben responsabilizarse no por la culpa que tengan sino por las consecuencias de sus actos: eso implica asumir tanto lo que hacen como lo que dejan de hacer. Ésta sería, según la autora, la denominada responsabilidad objetiva.

 La responsabilidad está en estrecha relación con las acciones libremente escogidas: estar en capacidad de responder sólo es posible si se ha tenido la capacidad para actuar o decidir. En tal sentido, no se puede responder por situaciones en las cuales no ha existido la opción de elegir cómo actuar. Responder por algo a alguien es ofrecer razones y explicaciones de los motivos, las intenciones o los sentimientos que han llevado al individuo a actuar de tal o cual forma.”[2]

 [1] Camps Victoria, “Virtudes públicas”, Blog El escabel de Kant, fecha de consulta: 21 de noviembre de 2014, disponible: http://elescabeldekant.blogspot.mx/2012/03/libertad-autonomia-responsabilidad.html

[2] Esponda Katherine, La responsabilidad como elemento fundamental en la formación de ciudadanos autónomos”, Revista Legein, fecha de consulta: 20 de noviembre de 2014, disponible: http://revistalegein.univalle.edu.co/documentos/legein9/EspondaCamps_n9.pdf

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